Tyrannosaurus y otros dinosaurios carnívoros del Cretácico
Por Joél Reyes – Docente de Ciencias Naturales
Durante el pasado mes de octubre se conmemoraron 115 años de la publicación del artículo científico en el que Henry Fairfield Osborn nombró al dinosaurio más famoso de todos (ver referencias: Osborn [1905]). Tan famoso es este dinosaurio que su nombre científico es el único que conocen muchas personas. Su fama incluso ha eclipsado a un importante pariente suyo que fue nombrado en el mismo artículo.
Con esta presentación, sumada al título de esta entrada, no debe ser sorpresa para nadie que el dinosaurio al que nos estamos refiriendo es Tyrannosaurus rex. Para conmemorar su centésimo décimo quinto “cumpleaños”, a continuación, se presenta un breve descripción, historia y situación actual de los géneros de dinosaurios carnívoros descritos por Osborn en el artículo mencionado.
Acerca del autor del artículo
Henry Fairfield Osborn (1857-1935) fue un geólogo y paleontólogo estadounidense. Su mentor fue Edward Drinker Cope. Fue el presidente del Museo Americano de Historia Natural durante 25 años (1908-1933). Describió y nombró dinosaurios como Ornitholestes (1903), Tyrannosaurus (1905), Albertosaurus (1905), Pentaceratops (1923), Psittacosaurus (1923), Oviraptor (1924), Saurornithoides (1924) y Velociraptor (1924). Osborn también propuso el concepto de radiación adaptativa.
Dryptosaurus
Descripción original: Cope (1866)
Cambio de nombre: Marsh (1877)
Estado: Válido
Especie tipo (Especie que define al género): Dryptosaurus aquilunguis
Significado: “Reptil desgarrador con garras de águila”
Material fósil referenciado: ANSP 9995, fragmentos del cráneo, nueve vértebras caudales, algunos huesos de la pelvis, los brazos y la pata izquierda parciales. Además, AMNH FARB 2438, un hueso del pie izquierdo, probablemente perteneciente al mismo individuo que el espécimen tipo.
Figura 3. Representación esquemática de los elementos esqueléticos de Dryptosaurus aquilunguis. Escala = 50 cm.
Fuente: Carpenter et al. (1997).
Dryptosaurus aquilunguis es la única especie válida del género Dryptosaurus. Vivió hace 67 millones de años en la masa continental de Appalachia (oriente de Norteamérica). Los únicos especímenes conocidos proceden de Nueva Jersey, Estados Unidos. Se estima que habría medido 7,5 m de largo y 2,1 m de altura a la cadera. Además, su peso se estima en 1,5 toneladas.
Dryptosaurus fue descubierto sólo ocho años después del primer dinosaurio hallado en Estados Unidos, el cual fue nombrado Hadrosaurus por Joseph Leidy en 1858. Antes del descubrimiento de Dryptosaurus, los terópodos de América sólo eran conocidos por algunos dientes aislados descubiertos en Montana y descritos por Leidy en 1856. El esqueleto de Dryptosaurus demostró que los dinosaurios carnívoros eran bípedos. Originalmente, en 1866, E. D. Cope nombró a este dinosaurio como Laelaps (del griego para “huracán” o “viento de tormenta”, pero también un perro infalible al cazar dentro de la mitología griega). No obstante, el rival académico de Cope, O. C. Marsh, señaló que ese nombre estaba ocupado previamente por un género de ácaros, nombrado así por C.L. Koch en 1836. Fue así como Marsh reemplazó el nombre Laelaps por el nombre Dryptosaurus.
El epíteto específico “aquilunguis” (“garras de águila”) hace referencia a las enormes garras curvadas que este dinosaurio tenía en las manos, especialmente la del primer dedo de cada mano. Esta última medía 24 cm en su curva externa, lo que la convierte en una de las garras más grandes en proporción al resto del cuerpo entre los tiranosauroides (Tyrannosauroidea). Dryptosaurus tenía tres dedos en cada mano, pero sólo dos de ellos habrían sido funcionales. Pese a que Dryptosaurus fue contemporáneo con Tyrannosaurus, no pertenecía a la familia altamente especializada de este último, es decir, los tiranosaúridos (Tyrannosauridae).
A mediados del período Cretácico, el Mar Interior Occidental (MIO) se extendía en sentido sur-norte en Norteamérica, aislando así la parte oriental de este continente (Appalachia) de la parte occidental del mismo (Laramidia). La ausencia de tiranosáuridos en Appalachia sugiere que esta familia evolucionó después de la aparición del MIO, lo que contribuyó a que tiranosauroides “primitivos”, como Dryptosaurus, sobrevivieran en Appalachia hasta finales del Cretácico. Para ese entonces, todo lo que quedaba del MIO era el Canal Marítimo de Pierre, el cual se iba retrayendo hacia el sur.

Deinodon
Descripción original: Leidy (1856)
Estado: Dudoso
Especie tipo: Deinodon horridus
Significado: “Diente terrible y horrible”
Material fósil referenciado: Catorce dientes aislados y fragmentarios sin catalogar.
Deinodon incluye a una sola especie, D. horridus, la cual es conocida a partir de un conjunto de dientes descubiertos en la Formación Río Judith, en Montana, Estados Unidos, y que datan de hace 77 millones de años. Estos dientes son indistinguibles de los de Gorgosaurus y de Daspletosaurus. El material tipo de Aublysodon mirandus también podría ser asignado a Deinodon horridus, por lo que sería un sinónimo de éste.
Tyrannosaurus
Descripción original: Osborn (1905)
Estado: Válido
Especie tipo: Tyrannosaurus rex
Significado: “Rey de los reptiles tiranos”
Material fósil referenciado: Originalmente AMNH 973, ahora CM 9380, un esqueleto completo en un 10%: aproximadamente 34 huesos, incluyendo las mandíbulas, porciones del cráneo, varias vértebras, la cintura escapular, algunas costillas, la pelvis y una extremidad posterior parcial.
Tyrannosaurus rex, también llamado coloquialmente T-Rex, es la única especie conocida del género Tyrannosaurus. Esta especie vivió hace entre 68 y 66 millones de años en Laramidia. Sus fósiles se han descubierto desde Alberta y Saskatchewan, en Canadá, hasta Sonora, en México. El espécimen más grande conocido (RSM P2523.8), apodado “Scotty”, mide 13 m de largo, 4,3 m de altura a la cadera y se le estima un peso de 8,87 toneladas. Éste es también el espécimen más viejo que se conoce, ya que tenía unos 30 años al momento de su muerte.
Los primeros registros que se tienen de Tyrannosaurus son unos dientes descubiertos por Arthur Lakes en Colorado en 1874; dos vértebras parciales descubiertas en Dakota del Sur y nombradas por Cope como Manospondylus gigas (primer nombre asignado) en 1892; y algunos elementos poscraneales descubiertos por John Bell Hatcher en Wyoming a principios de la década de 1890 (incorrectamente identificados por Marsh como una nueva especie de Ornithomimus).
Según la regla de prioridad nomenclatural del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica (ICZN), el primer nombre en ser publicado formalmente debería ser el válido, es decir, en este caso, correspondería utilizar M. gigas. Sin embargo, el artículo de inversión de la precedencia del mismo código señala que el nombre más usado debe mantenerse. Debido a lo anterior, T. rex es el nombre válido y protegido (nomen protectum) aunque sea más reciente, mientras que M. gigas se considera un nombre inválido y olvidado (nomen oblitum) a pesar de ser más antiguo.
Excluyendo los materiales atribuidos a M. gigas y a Dynamosaurus imperiosus, CM 9380 y AMNH 5027 fueron los primeros dos especímenes descubiertos de Tyrannosaurus. Debido a que son muy similares en tamaño, han sido combinados para crear las monturas tradicionales que se ven en muchos museos de todo el mundo. No obstante, estos dos especímenes muestran algunas diferencias interesantes, seguramente debidas a la variación intraespecífica (dentro de la especie).
Con varias decenas de ejemplares descubiertos, algunos de los cuales son esqueletos casi completos y habiéndose reportado tejido blando y proteínas en por lo menos uno de los especímenes, T. rex es uno de los dinosaurios más estudiados y mejor conocidos. El individuo mejor preservado y más completo hasta la fecha (FMNH PR 2081), apodado “Sue”, consta de 250 huesos de un total de aproximadamente 380 huesos que tendría el esqueleto de este dinosaurio. Aun así, esto no significa que los paleontólogos ya lo sepan casi todo acerca de T. rex, ni mucho menos. En comparación, un zoólogo puede pasar años en el campo y el laboratorio estudiando un animal vivo para conocer de forma detallada su anatomía, fisiología, comportamiento, relaciones ecológicas y parentescos.
¿Es posible entonces conocer todos estos aspectos con profundidad en Tyrannosaurus? La respuesta es, por supuesto, que no podemos. Para darnos una idea de lo mucho que aún nos falta por conocer a Tyrannosaurus, es útil comparar los conocimientos que se tienen en la actualidad acerca de este dinosaurio y un animal viviente, también un dinosaurio pero aviano, el gorrión común.
Tabla 1. Comparación del conocimiento actual del gorrión común (Passer domesticus) y Tyrannosaurus rex.
| Aspectos Biológicos | Passer domesticus | Tyrannosaurus rex |
| Anatomía y Fisiología | ||
| Estructura ósea | Completos | Casi completos |
| Musculatura | Completos | Parciales |
| Partes blandas | Completos | Muy escasos |
| Locomoción | Completos | Parciales |
| Alimentación y digestión | Completos | Escasos |
| Sentidos | Completos | Parciales |
| Reproducción | Completos | Muy escasos |
| Aparato circulatorio | Completos | Muy escasos |
| Aparato respiratorio | Completos | Escasos |
| Metabolismo | Completos | Escasos |
| Ecología | ||
| Estudios de campo | Completos | Nulos |
| Estudios de laboratorio | Completos | Escasos |
| Comportamiento | ||
| Estudios de campo | Completos | Nulos |
| Estudios de laboratorio | Completos | Escasos |
| Evolución y relaciones de parentesco | Muy completos | Parciales |
Una cuestión muy puntual de la biología de T. rex que se ha intentado determinar recientemente es la posible existencia de dimorfismo sexual, es decir, diferencias físicas entre individuos de sexos distintos. Anteriormente se reconocían dos formas entre los especímenes asignados a la especie T. rex, una robusta, de la que su mejor espécimen es FMNH PR 2081, y una más grácil, representada especialmente por los ejemplares apodados “Stan” (BHI 3033) y “Wankel” (MOR 555). En consideración de estas diferencias, algunos paleontólogos sugirieron que podría tratarse de dos especies distintas. Otros paleontólogos también propusieron que los especímenes más grandes y robustos corresponderían a hembras. Sin embargo, uno de los mayores expertos en tiranosaurios, Thomas Carr, llegó a la conclusión de que no hay evidencia que apoye las hipótesis de dos especies ni la del dimorfismo sexual.
Dynamosaurus
Descripción original: Osborn (1905)
Estado: Inválido. Sinónimo junior de Tyrannosaurus
Especie tipo: Dynamosaurus imperiosus
Significado: “Reptil poderoso imperial”
Material fósil referenciado: Originalmente AMNH 5866, ahora BMNH R7994, un esqueleto completo en un 13%: las mandíbulas, porciones del cráneo, algunas vértebras cervicales y dorsales, costillas, placas dermales y porciones de la pelvis y de las patas.
Barnum Brown, llamado por mérito propio “el rey de los buscadores”, descubrió, entre muchos otros fósiles, dos esqueletos parciales, uno en Wyoming en 1900 y el otro en Montana en 1902. En su artículo de 1905, H. F. Osborn nombró al espécimen de Montana Tyrannosaurus rex y al de Wyoming, sólo una página después, Dynamosaurus imperiosus. Osborn consideró unas placas dermales (posteriormente identificadas como pertenecientes a un anquilosaurio) para diferenciar claramente a D. imperiosus de T. rex. Sin embargo, al año siguiente, es decir, en 1906, Osborn reconoció que los dos esqueletos colectados por Brown pertenecían a la misma especie y, en consecuencia, sinonimizó D. imperiosus con T. rex. En ese entonces se consideraba el orden alfabético para determinar el nombre que debería ser considerado como válido, pero Osborn apeló a sus influencias para que T. rex fuera el nombre que prevaleciera.
Albertosaurus
Descripción original: Osborn (1905)
Estado: Válido
Especie tipo: Albertosaurus sarcophagus
Significado: “Reptil de Alberta comedor de carne”
Material fósil referenciado: CMN 5600, un cráneo parcial.
El género Albertosaurus consta de sólo una especie válida, llamada A. sarcophagus. Esta especie vivió hace entre 71 y 68 millones de años en la masa continental de Laramidia. Los más de 30 individuos de todas las edades que se han recuperado provienen de Alberta, Canadá. Un adulto típico medía 9 m de largo, mientras que algunos individuos, los de mayor edad (~28 años), habrían tenido más de 10 m de largo, 3,2 m de altura a la cadera y un peso estimado de entre 1,3 y 1,7 toneladas. Albertosaurus era un tiranosáurido con unas pequeñas crestas óseas sobre y delante de los ojos. Se le clasifica dentro de su propia subfamilia, Albertosaurinae, cuyos miembros se caracterizan por tener cuerpos más esbeltos, cabezas proporcionalmente más pequeñas y pies más largos que en la subfamilia Tyrannosaurinae.
Albertosaurus fue el primer dinosaurio carnívoro conocido para Canadá. El espécimen tipo de A. sarcophagus, recuperado por Joseph Burr Tyrrell en 1884, así como otro cráneo descubierto por Thomas Chesmer Weston en 1889, fueron asignados por Cope a la especie Laelaps incrassatus en 1892. Aunque Marsh ya había renombrado a este género como Dryptosaurus, Cope se reusó a reconocer el nuevo nombre creado por su archirrival. Posteriormente, Oliver Perry Hay siguió la propuesta de Marsh con la combinación Dryptosaurus incrassatus en 1902. Tras esto, Lawrence Lambe usó el nombre Dryptosaurus incrassatus en unas publicaciones en 1903 y 1904. Finalmente, Osborn creó el nuevo nombre Albertosaurus sarcophagus en su artículo de 1905, considerando que el cráneo tipo difería marcadamente de los restos de Dryptosaurus aquilunguis. Osborn no describió los restos de A. sarcophagus con gran detalle, sino que se limitó a citar las descripciones más completas de Lambe.
El descubrimiento de 26 individuos de Albertosaurus en un solo sitio proporcionó evidencia de comportamiento social en este dinosaurio, lo que ha permitido realizar estudios de ontogenia y paleobiología de poblaciones, lo que es imposible con dinosaurios menos conocidos.
Conclusión
Desde que el artículo de Osborn fue publicado, se han descubierto muchos otros dinosaurios carnívoros en todo el mundo, entre los que Tyrannosaurus sigue siendo el más grande conocido. Por esto y por muchos otros detalles de su biología, la popularidad de Tyrannosaurus no carece de mérito. Varias generaciones de paleontólogos han estudiado los fósiles de estos depredadores norteamericanos durante más de un siglo y han descubierto una amplia diversidad de animales y plantas que formaron parte de sus comunidades, incluyendo dinosaurios herbívoros que pudieron ser sus presas. Cada nuevo hallazgo y estudio ha aportado al conocimiento que se tiene de los ecosistemas de Norteamérica durante el Cretácico Superior.
Referencias
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